Relato – El paquete

Era una tarde cualquiera, el mensajero de Correos no me había encontrado en casa el día anterior por lo que me veía obligada a acercarme a la oficina para recoger mi paquete de Amazón.

Y allí estaba yo, a dos números de recoger mi última y deseada compra y salir corriendo a estrenarla. Me había comprado una Go Pro para mi próximo viaje y… estaba deseando abrir la caja y ponerme a trastear con ella cuanto antes.

La pantalla me asignó la ventanilla 8. Me acerqué y… allí estaba él… tremendo. El Jon Kortajarena de Correos, un morenazo increíble con ojos verde turquesa que me sonreía con una dentadura blanca, impecable, desde el otro lado del mostrador.

Le di como pude el resguardo que había recogido la tarde anterior de mi buzón y, cuando se levantó a recoger mi paquete… ¡qué trasero! ¡Qué espalda! Lo recorrí con la mirada de arriba abajo en varias ocasiones mientras no perdía detalle… cuello largo y fuerte, trapecio trabajado en el gimnasio. Vestía una camiseta negra de manga corta que permitía ver unos brazos fibrosos, firmes, con unos bíceps bien desarrollados. La espalda se adivinaba musculada. Unos vaqueros LEVI`s desgastados marcaban su trasero, ni muy grande ni muy pequeño, redondito… de esos que estás deseando agarrar con las dos manos para… bueno, ya sabes para qué…

Rápidamente mi cerebro comenzó a trabajar y no pude evitar imaginármelo desnudo, acariciándome con su lengua todas las partes de mi cuerpo. Comenzando por los dedos de los pies, con besos carnosos, suaves… subiendo lentamente por mis piernas, entreteniéndose en la parte interna de mis muslos… mordisqueándolos poco a poco mientras se acerca a mi centro del placer y lo envuelve con su boca, permitiéndome sentir su aliento cálido, húmedo, justo antes de comenzar a subir por mi cadera de camino a mi vientre. Besos cortos, lentos, cargados de intención se acercan a mis pezones, ya erguidos y tersos de la excitación. Sus labios los envuelven, primero uno, luego el otro. Los succiona, muerde, pellizca, mientras sus manos los agarran fuertemente. Su lengua continúa camino hacia mi cuello, mi…

– Marta, disculpe, Marta

Era mi nombre, se deshizo el hechizo. Lo miré, allí estaba sonriéndome mientras me tendía mi paquete. Dios mío, no era capaz de articular palabra, estaba al borde del orgasmo, notaba cómo todos los poros de mi piel gritaban de placer. Mis braguitas húmedas delataban el momento vivido mientras la diosa que llevo dentro pedía a gritos que me las arrancara para dejar paso a lo que aquél Adán pudiera ofrecerme…

Recogí el paquete, firmé, sonreí y deseé con todas mis fuerzas que saliera de aquél mostrador para quitarme las braguitas y hacer realidad mi sueño.

ALBOM.RB

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